
Arrancamos 2026.
Al menos para este blog, esta publicación marca el comienzo del año. Porque la última vez que publiqué algo fue en diciembre.
—Falta de disciplina —me dice la parte de mí que se encarga de sabotearme todo.
Lo cierto es que más vale tarde que nunca, aunque suene conformista. Al final del día, por más que esta frase parezca sacada de un póster o de un meme motivacional, hay que ser constante: persistir, resistir y nunca desistir.
Nos acercamos al 2030, el año en que se evaluará el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) planteados por la ONU.
Dentro de todos los objetivos propuestos, hay uno que preocupa especialmente a quien escribe y a muchos de los que trabajamos buscando una mejor salud mental: para nosotros, para nuestro entorno, para nuestras comunidades y para el mundo en general.
Uno de los ODS con relación directa al suicidio plantea reducir las tasas en un tercio.
Es decir, que para 2030 debería haber un tercio menos de los aproximadamente 700.000 suicidios anuales que reporta la OMS.
Hoy es 19 de enero y, según el portal Worldometer (https://www.worldometers.info/), al día de hoy vamos 54.000 suicidios… y el contador sigue avanzando.
No hay que ser un genio de las matemáticas para aplicar una simple regla de tres y darnos cuenta de que, si el ritmo se mantiene, para el final de este año la cifra estaría por encima del millón de personas.
Un dato que, muy probablemente, no esté lejos de la realidad y que incluso podría estar por debajo (muy por debajo) de lo que realmente ocurre.
En este blog no publico datos para quejarme. Publico datos y opiniones para provocar, para hacer reflexionar y, si se puede, para trabajar juntos.
La problemática es enorme. Claro que sí.
Pero que sea enorme no significa que no podamos trabajar en solucionarla.
El misterio de Dios —o de tantas otras cosas— nunca impidió que la ciencia saliera en busca de respuestas frente a preguntas que parecían insondables.
Por eso, siempre que hablemos de un problema, evaluaremos posibles soluciones. Aunque parezcan una locura.
Suficiente nació de una idea simple: la tecnología actual puede ayudar a las personas con depresión.
No intenta sustituir a nadie, pero sí plantea que la tecnología puede estar allí donde la clínica y el profesional no están. A la hora en que todos duermen. Simplemente estar ahí: en silencio, aguardando, sin juzgar, pero atenta cuando necesites ayuda.
Mientras suceden cosas que están fuera de nuestro control, siempre hay algo que podemos hacer. Como publicar un post más, escribir un blog más o hablar más con las personas sobre el problema.
Porque aprendí a distinguir que, por más que muestres tu mejor sonrisa en redes sociales junto al árbol de Navidad, hay montones de cosas que te oprimen por dentro.
Por eso, en 2026 seguiré trabajando. A veces desde el silencio, a veces desde las relaciones, a veces desde un video.
Este año, uno de los objetivos es que Nación Suficiente se transforme en una comunidad.
Una comunidad donde todos tengan su espacio para opinar, desahogarse y/o publicar sus descubrimientos o proyectos.
Comenzamos 2026: cada vez más cerca y cada vez más lejos.
Pero hoy, al menos, nos planteamos avanzar.
Hasta la próxima,
Pablo
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