En Latinoamérica, estamos normalizando algo que no es normal:
trabajar cansados todos los días.
No “cansados” porque dormimos poco.
Cansados de verdad.
De esos cansancios que no se arreglan con café, ni con un fin de semana, ni con un feriado de por medio.
Cada conversación que tengo, cada reunión, cada mensaje en WhatsApp tiene el mismo subtexto:
“estoy agotado, pero sigo”.
Y eso ya no es productividad.
Eso es supervivencia.
En oficinas, en comercios, en startups, en fábricas…
la gente está funcionando como celulares al 3%.
Con la pantalla tenue, sin brillo, y rezando para que la batería aguante hasta el final del día.
Nadie lo va a admitir oficialmente, pero todos sabemos la verdad:
la región está emocionalmente drenada.
Lo veo en jefes que ya no tienen paciencia.
En equipos que trabajan “en automático”.
En personas que responden mails sin estar realmente ahí.
En emprendedores que no se dan permiso ni para respirar.
Y ¿sabés qué es lo más triste?
Que la mayoría cree que es culpa suya.
“Soy yo que no doy más”.
“Soy yo que no manejo bien el tiempo”.
“Soy yo que no estoy a la altura”.
No.
No sos vos.
Es un sistema que nunca estuvo diseñado para cuidarte.
Por eso existe Nación Suficiente.
No para reemplazar a nadie.
No para competir con el sistema.
Sino porque, en algún punto, alguien tenía que decir:
“No se puede vivir así. No todo tiene que doler”.
Si estás cansado más allá de lo normal, no estás solo.
Sos parte de una región entera que está aprendiendo a hablar un idioma nuevo:
el de pedir ayuda sin vergüenza.
Seguimos construyendo esto porque es necesario.
Y porque ya no se puede seguir tapando el sol con un dedo.
Seguimos
Pablo Figueroa
pablo@nacionsuficiente.com

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