Todavía no abrí la empresa. Me falta el capital, me falta el trámite, me falta el bendito sello en la notaría. Y sí, en Bolivia hay un corral fiscal clarísimo. Pero, ¿sabés qué? Eso no es excusa.
El mundo no se detiene a esperarme.
La realidad tampoco.
Mientras yo pienso en estatutos, firmas y cuentas bancarias, 700.000 personas se quitan la vida cada año. Y si afinás el oído, sabés que el número real es mucho peor. Por cada uno que muere, veinte más lo intentan.
Y entre tanto, la soledad sigue haciendo su trabajo sucio: corroe, carcome, devora. Es un depredador invisible que cada día se lleva nuevas presas.
No me queda duda de algo: la tecnología es el vehículo que acelerará el impacto.
Pero también tengo otra certeza: la tecnología sola no alcanza. No es un piloto automático. No es un bot frío de respuestas enlatadas.
Hace falta la mano del pintor.
Hace falta la mirada del científico.
Hace falta la sensibilidad del artista.
Hace falta un equipo multidisciplinario capaz de ponerle alma al código.
Porque esto no va solo de algoritmos. Va de personas que sufren. Va de madres que ya no encuentran sentido. De trabajadores que no saben cómo aguantar un día más. De chicos que sonríen en Instagram y lloran en silencio por las noches.
Yo creo en algo con la fe del que no se resigna: la gamificación bien hecha puede salvar vidas.
Lo demostró Yu-kai Chou y lo van a demostrar los formatos que vamos a integrar en Suficiente. Porque un reto, un juego, un estímulo bien diseñado, puede significar que alguien se quede aquí un día más. Y a veces, un día más es lo único que necesitamos.
Pero ojo: esto no es cuestión de rezar.
Es cuestión de trabajar.
De tomar acción.
De empujar aunque el panorama sea hostil, aunque los números te digan que es imposible, aunque los de siempre te miren con cara de “estás loco”.
Yo estoy convencido de que “Suficiente” será esa IA especializada que no solo detectará señales de crisis antes de que exploten… sino que también estará ahí cuando más lo necesites. En tus noches largas. En tus momentos de soledad. En tu silencio.
Será como tu Jarvis personal, pero no para pedirle que te ponga música, sino para recordarte que todavía vale la pena seguir acá.
No es mi idea. Yo no inventé el problema. El problema ya es enorme.
Pero sí estoy empeñado en la solución.
Y esa solución necesita que más gente se sume.
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Porque la pregunta ya no es si esto hace falta.
La pregunta es: ¿cuánto más vamos a esperar mientras miles se siguen yendo?
Suficiente es la certeza de que hay otra manera.
Y si te resuena, si creés que vale la pena, seguí el proyecto y los avances en 👉 nacionsuficiente.com
Pablo Figueroa – Nación Suficiente

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