El estatus quo es esa trampa elegante que nos dice:
“tranquilo, así se ha hecho siempre”.
Es el silencio cómodo de los que se conforman.
El aplauso tibio de quienes no quieren cambiar nada porque en la inmovilidad han encontrado su única certeza.
Pero seamos claros: el estatus quo nunca solucionó nada.
Lo que arregló el mundo fueron las personas que se levantaron y dijeron: “esto no basta”.
No fue la pasividad la que nos llevó a tener electricidad, vacunas, internet o satélites que orbitan sobre nuestras cabezas.
Fue la rebeldía.
Fue la incomodidad.
Fue la osadía de grandes equipos que, con tecnología en la mano y convicción en el pecho, decidieron mover lo que parecía inmóvil.
Hoy pasa lo mismo.
Los problemas son más grandes, pero también lo son las oportunidades.
El que crea que las viejas fórmulas van a darnos aire en medio de esta tormenta, está perdido.
La solución no va a venir de esperar.
Va a venir de unir equipos que creen, pelean y construyen.
Va a venir de la tecnología bien usada, no para distraernos, sino para liberarnos.
Va a venir de la gente que no teme cuestionar el orden establecido.
El estatus quo es un enemigo invisible que se disfraza de rutina.
La pregunta es: ¿te vas a quedar cómodo sentado en él?
¿O te vas a unir a quienes lo rompen para crear algo suficiente, algo real?
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pablo@nacionsuficiente.com

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