La economía del cerebro. Suena a ciencia ficción, a laboratorio con neuronas flotando en un frasco. Pero no: es real. Y tarde o temprano, aunque ahora mismo te importe un carajo, te va a interesar.
Porque mientras lees esto, alguien ya está metiendo la cuchara en tu cabeza. No para leerte la mente (aunque lo intente), sino para explotarla. Porque la materia prima del siglo XXI no es el petróleo ni el litio. Es tu atención.
La economía del cerebro funciona así:
- Tus horas de sueño, tus clics, tus likes, tus pausas de tres segundos se convierten en oro para empresas que saben más de ti que tu propia madre.
- No importa si sos obrero, CEO, gamer o pastor evangélico: tu atención es finita, y alguien la quiere.
- Y mientras te venden mindfulness en cápsulas y aplicaciones de “respira profundo”, también te bombardean con notificaciones que te mantienen en la rueda.
La paradoja es brutal: tu cerebro es tuyo, pero lo alquilas cada vez que abres el celular.
Por eso te digo que tarde o temprano te va a interesar. Porque un día vas a mirar atrás y vas a darte cuenta de que no perdiste dinero, ni oportunidades, ni relaciones. Lo que perdiste fue atención. Y eso, hermano, no se recupera.
Y aquí viene el golpe:
Quien domine la economía del cerebro, dominará tu vida.
La pregunta incómoda es: ¿quieres ser esclavo o accionista?
Yo lo tengo claro. Prefiero construir negocios, proyectos, comunidades que no expriman cerebros, sino que los liberen. Que la inversión sea en salud mental, no en adicción. Que el retorno sea calidad de vida, no métricas de retención.
Así que sí, la economía del cerebro es algo que tarde o temprano te va a interesar. Y más te vale que sea temprano.
Pablo Figueroa
pablo@nacionsuficiente.com

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