En 2012 la mayoría se reía de Tesla.
Unos lo miraban como un juguete caro para millonarios excéntricos.
Otros lo tachaban de moda pasajera. Nadie con “cabeza” apostaba en serio por coches eléctricos.
Y sin embargo, unos pocos, los que vieron lo que otros no querían ver, metieron dinero ahí.
Hoy son los mismos que sonríen cada vez que abren su cuenta de inversión.
La salud mental está en ese mismo punto exacto. Hoy sigue siendo un tabú disfrazado de trending topic. Gobiernos que se hacen los ciegos.
Empresas que ponen clases de yoga los viernes y creen que con eso ya cumplieron. Directivos que todavía piensan que hablar de ansiedad es para blandos. Trabajadores que callan, porque mostrar debilidad parece un lujo que no se pueden permitir.
Pero la realidad no espera a que nadie se sienta cómodo. }
Y la realidad es que la bomba ya está encendida.
Ausentismo, burnout, talento perdido, familias destrozadas, productividad hundida. La estadística de la OMS es clara: por cada dólar invertido en salud mental, vuelven cuatro.
No hay fondo de inversión que pueda garantizarte semejante retorno.
El futuro no será de las empresas que solo apuesten a inteligencia artificial, blockchain o cohetes a Marte.
El futuro será de quienes entiendan que nada de eso vale si la gente está rota por dentro. Lo que se viene no es moda, es necesidad.
Invertir en salud mental hoy es como invertir en Tesla en 2012. Pocos lo ven. Pocos se atreven.
Pocos entienden que la próxima gran industria no está en lo que tienes en la mano, sino en lo que pasa dentro de tu cabeza.
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Pablo Figueroa – Fundador de Nación Suficiente
pablo@nacionsuficiente.com

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